Opinió. Matar la arquitectura, matar la cultura

Nota d'opinió del 4 de gener de 2013. Pere González Nebreda.

Hace unos meses la Presidenta de la Comunidad de Madrid fue sorprendida diciendo: “habría que matarlos a todos”. Hacía referencia a los arquitectos.

No me asusté, ni temí por mi vida. Creo que ningún arquitecto lo hizo, hablaba en sentido figurado. A ella no le gusta la arquitectura moderna, o no le gustan los edificios que hacen algunos arquitectos, y su manera de expresarlo fue con aquella frase. Doña Esperanza no es mujer de violencia y la cosa no tuvo más transcendencia que la pura anécdota.

El Sr. Guindos, va ahora más en serio, quiere matar la arquitectura, no a los arquitectos. Pudiera parecer que es más pacífico ya que no se trata de matar a ninguna persona sino a “algo” menos concreto, a un concepto: la arquitectura. Pero, ahora sí, los arquitectos españoles estamos asustados. No es para menos.

Pretende el Ministerio de Economía y competitividad, a través de un proyecto de Ley de servicios profesionales, equiparar a los ingenieros con los arquitectos, y que todos podamos hacer de todo. El argumento es: el que hace un edificio para una cosa, puede hacer un edificio para otra.

No le han asesorado bien. Como arquitecto he construido muchas casas, y me he esforzado en hacerlo bien, con mayor o menor éxito. Cientos de familias viven, o usan, edificios que he proyectado, creo que con un nivel de satisfacción aceptable. Nunca me he planteado construir una fábrica, ni un automóvil, ni un avión, ni un barco, ni un puerto, ni una presa, ni una autopista. Sinceramente, no sabría hacerlo bien. Conozco ingenieros magníficos, y respeto su trabajo, como ellos respetan el mío. A veces colaboramos, calculando una estructura o una instalación, cada uno hace lo suyo. Me parece que Guindos se inventa un problema que no existe, y con ello genera un conflicto nuevo.

El conflicto proviene del desconocimiento que supone entender la arquitectura como una ingeniería, como pura técnica.

La arquitectura es otra cosa, aúna la estética con la seguridad, la habitabilidad con la belleza, se centra en el ser humano, en el hábitat, en la ciudad. La formación de los arquitectos españoles es muy completa, aunque seguramente mejorable. Comprende disciplinas que van mucho más allá de la técnica, potenciando el desarrollo de habilidades creativas y de diseño, respetadas internacionalmente. La arquitectura forma parte de la cultura porque es una de las artes fundamentales.

En España tenemos una arquitectura excelente, nuestras ciudades son admiradas por propios y extraños. Han sido y son exponente del diseño de los arquitectos que las hemos ido construyendo a lo largo de la historia. Los arquitectos españoles somos reconocidos en el mundo, por lo que hicieron nuestros predecesores, y por lo que hacemos ahora.

La brutal crisis de la edificación ha puesto a los arquitectos en una situación muy difícil, la mayoría de los estudios de arquitectura han cerrado, el paro supera al 50%, la facturación ha disminuido en más del 80%. Muchos arquitectos se han visto forzados a emigrar y prestar sus servicios en países que aprecian la arquitectura que hacemos, Panamá, Brasil, EEUU, Perú, Chile, China, Países del Golfo, Norte de África, y por supuesto la Unión  Europea. Otros se han volcado a construir en esos países sin abandonar sus despachos profesionales aquí, abriéndose a la exportación de proyectos de arquitectura. Aun así, a pesar de la aceptación y competitividad internacional, la situación profesional y personal de muchos arquitectos españoles es dramática. En España hay muchos más arquitectos de los necesarios, y más de 30 escuelas de arquitectura que forman a futuras generaciones de arquitectos. Es admirable comprobar el entusiasmo que el aprendizaje de la arquitectura genera. El esfuerzo de muchos años que se precisa para ello. Sólo la componente vocacional de la arquitectura puede explicar ese fenómeno.

La competitividad está garantizada, hay mucha más oferta de servicios de arquitectura que demanda, los precios son bajos, los salarios más bajos aun. La situación se salva parcialmente por la exportación y también con la emigración. Esta última, dolorosa e injusta.

La formación cultural, creativa, humanística, de los arquitectos españoles se complementa con conocimientos técnicos, pero por ese orden: la técnica al servicio de la creatividad, del ser humano, de la sociedad. Esa combinación es precisamente nuestro signo diferencial, nuestra riqueza.

Quitémosle la componente cultural y humanística a la arquitectura, convirtámosla en una ingeniería más, y la habremos desposeído de lo principal, de su esencia, de su fundamento: la habremos matado. Y matando a la arquitectura matamos la cultura.

Recapacite, Sr Guindos, no nos mate, no mate la arquitectura.

 

Pere González Nebreda

arquitecto